Los algoritmos informáticos están sustituyendo la mirada del artista. La caricatura no vulnera el derecho a la propia imagen del retratado, porque expresa una mirada artística. En la caricatura, también el caricaturista se retrata. Su cara asoma por los huecos de la obra. En cada caricatura, el dibujante se la juega. Algunos caricaturistas han perdido incluso la vida, en manos de fanáticos. Son mártires del arte, el librepensamiento y el humor.
Algunos plantean que alterar imágenes de personas con asistentes informáticos (AI, mal llamada “inteligencia artificial”, IA) para crear una realidad virtual, debería estar prohibido. Es un debate abierto. Prohibir es una palabra fea, pero ni el derecho a la expresión artística ni el derecho de información pueden amparar estas prácticas. No hay artista, no hay arte, sino producción generativa; tampoco información, sino suplantación de la realidad.

