(geocultura)
En 1979, el ascenso de los ayatolás al poder en Irán fue un punto de inflexión hacia el pasado, que marcó en el mundo islámico un periodo de integrismo: el dominio clerical de todos los ámbitos de la sociedad y la cultura. Su rechazo de la separación de iglesias y Estado, conquista de las democracias que es una de las garantías de las libertades de conciencia, pensamiento y religión, hundió a Irán en un pozo de fanatismo y arrastró con él a otros países. También ha supuesto para las democracias liberales uno de sus mayores retos durante casi cinco décadas. La niebla cultural del posmodernismo, con su absurda equidistancia y su pensamiento débil, ha permitido esta involución asfixiante y atroz.
Cincuenta años después, en 2026, la historia está abierta. La historia sólo se escribe una vez que ha pasado, sobre hechos consumados, pero antes hay que caminarla, sobre aspiraciones y proyectos. Es cierto que el ataque militar de Estados Unidos e Israel a Irán contravino el derecho internacional, pero no es menos cierto que el régimen de los ayatolás vulnera a diario la Declaración Universal de Derechos Humanos, que es el corazón mismo del derecho internacional y donde reside el conjunto de valores que le da sentido.
Algunas personas sostienen que en el mundo islámico no puede prosperar una conciencia humanista. Disiento. El egipcio Naguib Mahfuz y el turco Orhan Pamuk, ambos premios Nobel de literatura, y los iraníes Kader Abdolah, autor de El reflejo de las palabras, y Marjani Satrapi, autora de Persépolis, son brillantes exponentes de lo contrario. Hay muchos más escritores, intelectuales y artistas, junto con muchísimos ciudadanos anónimos.
La mayoría de la población iraní desea un cambio de régimen. Sus protestas pacíficas de principios de año fueron respondidas por su gobierno con una represión brutal, que dependiendo de las fuentes causó o miles o decenas de miles de muertos. Antes o después, el momento histórico empujará a los demócratas iraníes a intentar realizar otra vez lo que hoy parece improbable. Hay dudas sobre la posibilidad de construir una democracia sobre los escombros de una guerra. Las bombas pueden destruir lo viejo, pero no pueden construir lo nuevo. Las democracias no se imponen desde fuera, sino que se crean desde dentro, aunando voluntades. Pero, desde fuera, los humanistas y demócratas internacionales sí podemos acompañarlas.
Crear algo nuevo requiere imaginación, esfuerzos y tiempo. Los exiliados y los ciudadanos de la resistencia interna quieren ser actores del futuro de Irán. Sin embargo, también saben que deberán contar con aquellos pocos que, en el núcleo mismo del régimen integrista, ya albergan la duda, que es el principio de la inteligencia, y están abiertos a una cultura del diálogo, el entendimiento y la concesión.

