[pdf imprimible al final de la página]
Hablamos sin descanso de la justicia,
de derechos e intereses, de naciones,
patrias y religiones, de la opinión pública,
de lo bueno y lo mejor, de capitalismo,
socialismo, comunismo, liberalismo
y democracia…
progresismo y conservadurismo,
la boca llena a rebosar con la palabra “democracia”,
y hablamos de víctimas y geoestrategia, de individuo y colectivo,
y hablamos en las televisiones, en los periódicos impresos y digitales
y en las radios,
orgullosos de ser una radio comercial,
y las redes virtuales hierven con nuestras palabras,
un infinito enjambre de palabras y palabras,
cáscaras de nuez que flotan en un mar soleado y sordo,
y hablando confrontamos,
labios y lengua y cuerdas vocales,
saliva, frente contra frente,
y nos cancelamos y censuramos y excluimos,
a ti por ser esto o por ser aquello,
porque creo que lo eres,
porque no me das la razón,
porque no formas parte de mi grupo,
y yo te acuso
(de haber dicho algo que ni siquiera he entendido),
y tantos que prejuzgan y empujan,
no entendiendo ni queriendo entender,
y algunos que matan
y alegan palabras que suenan huecas, sin verdad ni aliento,
aire que no se respira,
caliente y detenido,
me ahogo,
bocas que se abren y se cierran
con un único anhelo,
escúchame,
un callado anhelo,
un runrún de incansable repetición y angustia, escúchame,
escúchame,
escúchame.
// José Marzo, marzo de 2026

