Jenofonte y la liquidación de la democracia antigua

En el umbral de los siglos V al IV a.C., un cataclismo histórico cambió el rumbo de Atenas y de la cultura occidental.

Un historiador de la filosofía cita una frase de Jenofonte (431-354 a.C.): “Justicia es la igualdad de los derechos”. Cualquier ciudadano de Atenas habría podido suscribirla, pues es una paráfrasis de la isonomía, uno de los principios fundamentales de la democracia antigua. Pero los hechos a veces contradicen las palabras.

La cita puede ser una prueba de que la cultura que inspiró a la democracia ateniense alcanzó a todos sus ciudadanos, también a los que, como Jenofonte, acabaron luchando contra ella con el propósito de instaurar una oligarquía. Los diálogos de Jenofonte y su narrativa histórica fueron posibles gracias a la tradición humanista de la conversación, el teatro y la narrativa de hombres que reconocen estar guiados en sus actos no por dioses, sino por ellos mismos. La contradicción de Jenofonte es un drama histórico con raíces en un drama personal. Hay cierta tendencia en la historia de la filosofía a separar palabras y hechos, pensamiento y sociedad, la obra y la persona que la crea, la propia filosofía del contexto histórico que tanto influye en ella.

Jenofonte vivió en la época de transición de una democracia en decadencia a la futura monarquía helénica de Filipo y Alejandro. La deslumbrante Atenas democrática del siglo V a.C. nunca se recuperó de su definitiva derrota en la guerra del Peloponeso en el 404 a.C., ante Esparta y sus aliados. Perdió sus murallas y su autoestima. En su lucha por la supervivencia, la propia democracia se envileció y degeneró. A lo largo del siglo siguiente, los ciudadanos fueron abandonando el ágora y vaciando de sentido sus instituciones.

Jenofonte, en sus textos, no criticó los defectos de la democracia para mejorarla, sino para preparar su sustitución por una oligarquía, siguiendo el modelo alternativo de la dictadura militar espartana: una sociedad contraria al arte, el teatro y el debate y donde la caza y asesinato de los mesenios esclavos, la krypteia, podía formar parte del ritual de iniciación de los jóvenes. Como su coetáneo Platón (427-347 a.C.), que defendió un modelo corporativo tecnocrático, también él consagró su talento literario a destruir, por los textos, la democracia que ya había sido herida de muerte por las armas.

Vista actual de la Acrópolis de Atenas, primera democracia de la historia (Alexander Popkov, CC BY-SA 4.0)

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