Raymond Radiguet en la Gran Guerra

(relato)

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Je vais encourir bien des reproches. Mais qu’y puis-je?
Est-ce ma faute si j’eus douze ans quelques mois avant
la déclaration de la guerre?

Raymond Radiguet, Le diable au corps

El destino del joven Raymond, como el de millones de europeos, cambió cuando en noviembre de 1918 no se firmó el armisticio y los combates continuaron. Un nuevo contingente de jóvenes fue llamado a filas y enviado al frente.

Cuánto había disfrutado él de la retaguardia en los primeros años de guerra. Adolescente, se expuso a los reproches de los adultos por declarar que gozaba, con los colegios cerrados, de una hermosa época de vacaciones.

Ahora estaba cubierto de barro hasta los hombros, la mejilla contra un tablón de la trinchera, una rozadura del casco en la nuca, ampollas y sabañones en los pies. Y en la mente, una idea, “esto no es real”. Silbidos de balas y obuses cruzaban a veces sobre su cabeza. “¡Agáchate, Radiguet!”

Qué poco valía la vida de un hombre. Del primer cadáver que vio, encontrado boca arriba en una zanja, se le clavaron en el recuerdo los ojos abiertos e inexpresivos como cristales. La piel del mentón, sin asomo de pelo, denunciaba que no era mayor que él. Estaba en camisa en pleno invierno de Centroeuropa. Alguien le había quitado la guerrera. Luego vio muchos cadáveres más, pero aquellos ojos estaban en todos.

“Cuando salgamos de ésta, necesitaremos poetas que canten la vida”. Y vino, y amor, y alegría, y dinero para comprar y compartir, y para olvidar a los muertos.

Él, Radiguet, escribiría una novela. Pero no para cantar a los héroes de la guerra ni a los supervivientes. Cantaría a los adolescentes que, con los colegios cerrados, seducían en la retaguardia a las jovencitas casadas, cuyos maridos luchaban en el frente. Inocentes paseos en barca por el río, besos robados, y el deseo. El cuerpo ardiente, el deseo de vivir, caricias. El amor ilícito tenía un sabor especial, un aroma de sangre caliente. Si hacían la guerra por Dios, entonces vivir y amar era encomendarse al Diablo. La titularía El diablo en el cuerpo.

Qué gran propósito para un escritor. “Te deseo, Marthe. Tus labios son todo cuanto quiero. Tus labios”. Aquella novela no escrita bien valía resistir. La novela soñada era más real que esta guerra. Sólo la vida y el amor eran reales. No tomaba notas. Pensaba en su novela de amor y grababa los pensamientos en su memoria.

Ni siquiera oyó la bala, que llegó antes que el silbido. Tan sólo sintió un velo cayendo como una sombra sobre sus ojos de cristal. Luego, oscuridad y silencio. Y un leve sabor de sangre en el paladar.

@ José Marzo, 2026
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Trinchera en la Gran Guerra o Primera Guerra Mundial (1914-1918)
Raymond Radiguet retratado por Modigliani, en 2015

Raymond Radiguet (1903-1923) nunca combatió en la Gran Guerra. En su novela El diablo en el cuerpo, escrita en la adolescencia, narra una historia de amor e infidelidad en las riberas del río Marne, en el ambiente de la retaguardia. Murió a causa de la fiebre tifoidea en un hospital de París.

José Marzo: nota biográfica

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