Cuando un libro vende cero ejemplares, cero

Álex Sàlmon, director del suplemento de cultura Abril, de El Periódico, dio el pasado sábado 14 de febrero una información que debería hacer pensar a muchos autores y lectores: el 49% de los libros publicados en España no vende ningún ejemplar: 0 ejemplares. Y sólo el 4,5% supera la cifra de cien ejemplares. Unos pocos títulos cada año se convierten en éxito de ventas y permiten amortizar toda la inversión. Son datos proporcionados por algunas librerías.

Sin promoción en medios y una adecuada exposición en librerías, un libro parece condenado a no superar el círculo de las amistades del autor. ¿Por qué publican entonces las editoriales tantos títulos por los que realmente no apuestan?

Deben ocupar espacio en las librerías. El espacio que no ocupa una editorial, lo ocupará otra.

¿Por qué los almacenan las librerías?

Porque la mayoría perdieron hace mucho tiempo su capacidad de recomendación. Son eso, almacenes. Filtran, pero apenas si conservan un criterio propio. Delegan en las distribuidoras, que a su vez delegan en las editoriales. El círculo se cierra.

¿Dónde acaban los libros invendidos? En las plantas de reciclaje.

Y uno puede preguntarse qué papel juega aquí el autor cuya obra se edita e imprime pero no se difunde ni distribuye adecuadamente.

A fin de cuentas, ¿qué tiene esto que ver con la calidad de una novela? ¿Cuáles son los criterios culturales de publicación y difusión? ¿Los tienen, los han perdido, los recuperarán?

La buena literatura es obra de un autor, ése es el hecho fundacional de la creación literaria.

Unos pocos autores adultos decidimos levantarnos de esa mesa de juego hace muchos años: Manuel García Viñó, Juan Ignacio Ferreras, Miguel Baquero, Guido Finzi… yo mismo. Caminar libremente es duro a veces, pero también depara ocasiones y encuentros, amistades y lectores, el pequeño privilegio de haber escapado hace muchos años del vientre de una ballena de cartón piedra.

Ilustración de la novela Moby Dick, de Hermann Melville, en una edición de 1892.

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