«La paradoja de Habermas»

Nota: imagen de cabecera, retrato de Charles Sanders Peirce.

Pienso que, en torno a las revisiones de la obra de Jürgen Habermas (1929-2026), recientemente fallecido, se ha extendido un malentendido. La comprensión y el consenso son procesos muy distintos.

La comprensión es un proceso lingüístico y semiótico básico. Comprendo lo que me dices, aunque no esté de acuerdo contigo. Te comprendo también cuando narras una ficción. O cuando cuentas un chiste, aunque sea un chiste que considere ofensivo. Esta comprensión es aproximada.

El consenso, que es un fin epistémico, fue introducido en la filosofía de la ciencia por el fundador de la pragmática, Charles Sanders Peirce (1839-1914): busco persuadirte, de modo que un intencional consenso sobre la verdad está siempre implicado en las actividades filosóficas y científicas. Sin embargo, en un mundo complejo y cambiante, que en nuestro entorno inmediato cultural nosotros mismos modificamos, todo consenso es provisional. La búsqueda de la verdad está siempre abierta, la verdad es un horizonte que nunca se alcanza. Toda verdad es falsable (Karl Popper). Ningún acuerdo puede suspender el proceso de búsqueda de la verdad.

Jürgen Habermas introdujo con decisión el ideal epistémico del consenso en la política. Sin embargo, es discutible que los consensos políticos se establezcan sobre la base de una verdad, siquiera provisional, o en cualquier caso sólo sobre la base de una verdad. Cuestiones como la eutanasia o el aborto no pueden decidirse tan sólo sobre un consenso epistémico. La filósofa Isabel Gamero señaló esta laguna como “la paradoja de Habermas”.

Bien y Verdad son esferas de valor complementarias, pero distintas. En la esfera del bien, hay un juego entre la moral, como regulación social, y la conducta ética, pues los individuos valoramos nuestra situación y orientamos nuestros actos al bien (y a veces al mal, que es su polo negativo). En la práctica política, las decisiones consensuadas son más bien preferencias mayoritarias que se alcanzan mediante la deliberación pública y tensiones entre partidos, la negociación y las concesiones, y que, en última instancia, remiten a modelos o valores más amplios y flexibles. En mi opinión, estos principios de valor dialógicos son la Semejanza y la Autonomía.

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