Sobre la propiedad y los derechos fundamentales

Entiendo la aversión histórica de un sector de la izquierda política y social a la propiedad, aversión que se grabó a fuego en las extremas desigualdades de las antiguas sociedades estamentales y de la revolución industrial.  Venimos de donde venimos. Nuestro tiempo histórico es distinto, y también es diferente la experiencia de muchos ciudadanos. El marco de la democracia liberal plantea problemas y retos, pero también oportunidades y posibles soluciones.

La propiedad privada facilita el desarrollo de un proyecto, sea individual o familiar. Y cualquier organización social necesita recursos propios para el desarrollo autónomo de su actividad: una empresa, un sindicato, un club deportivo, un partido, una institución, una asociación. El problema no reside en la propiedad, sino en las circunstancias, en el quién, dónde y cuándo, cómo y para qué de la propiedad. En la conciliación de medios y fines, parece razonable poner la propiedad al servicio de las personas. Corregir desequilibrios y evitar abusos es necesario. Sin embargo, no cabe cuestionar la existencia misma de recursos propios, que a menudo son necesarios para el ejercicio de nuestros derechos fundamentales.

En torno a la problemática de la vivienda en la España de 2026, asfixiante para muchos ciudadanos, está en juego sobre todo un modelo de sociedad.

Una minoría poderosa sigue confiando en la capacidad autorreguladora de los mercados, capacidad que ya fue desmentida por Max Weber hace más de un siglo. Cuando la industria y el comercio se emancipan de la ética y la normatividad, se convierten en fuerzas ciegas. Otra minoría influyente cuestiona la propiedad misma. Al rechazar por principios abstractos la propiedad, sin atender a las circunstancias, se ahoga la ética y se coartan también las dinámicas creativas y transformadoras que palpitan en la sociedad civil.

La sociedad no avanza por la doble senda de un acuerdo conflictivo entre modelos ideológicos que desprecian un terreno común. La polarización conduce a la guerra y al autoritarismo. Es historia y es presente. Cualquier camino pasará por abandonar las falsas dicotomías. Se seguirá hablando de ello en el futuro: prosigue la conversación sobre la propiedad y sus límites y su articulación con el ejercicio de los derechos fundamentales.


Ilustración de cabecera: “Camino 7, La Mancha, octubre de 2025”, fotografía de L. Coya

Representación de la esfera del diálogo / hipótesis axiológica, base de la Pragmática Humanista o Teoría del Diálogo y la Valoración (+ info)


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