«El fabricante de honradez», de Ramón y Cajal: humor, positivismo y voluntad

Cuentos Selectos

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«El fabricante de honradez», de Santiago Ramón y Cajal

Ciencia y pseudociencia

En el relato de ciencia ficción «El fabricante de honradez», Ramón y Cajal narró el experimento llevado a cabo en la ciudad española de Villabronca por el doctor Alejandro Mirahonda. Un experimento de sugestión hipnótica aplicado sobre toda una población con el objetivo de eliminar las pasiones y el mal. Un relato brillante, que me permito incluir en la serie Cuentos Selectos, dedicada a presentar algunos de los mejores relatos contemporáneos.
José Marzo

Artículo completo en la Nueva Revista de Filología Hispánica,
de El Colegio de México.
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¿Qué interés puede esconder un relato escrito por un científico que no insistió en sus juegos con la literatura de ficción? Aunque Ramón y Cajal escribió «El fabricante de honradez» en su juventud, lo publicó décadas después, en 1905, en la cima de su fama como científico, bajo el pseudónimo de Doctor Bacteria y como parte del volumen Cuentos de vacaciones. Narraciones pseudocientíficas.

Edición de bolsillo de Cuentos de vacaciones, volumen de relatos en el que se incluye «El fabricante de honradez».

Las investigaciones de Ramón y Cajal, premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1906, fueron decisivas para establecer la doctrina neuronal, base de la neurociencia. Pese a la atención que obtuvo como una de las grandes figuras españolas del siglo xx, los estudios dedicados a su obra de ficción son aún escasos. En «El fabricante de honradez», Ramón y Cajal parodia la pseudociencia y presenta una reflexión sobre las relaciones de la ciencia con la sociedad y la moral.

Los puentes entre medicina y ficción literaria han sido constantes, y abundan los ejemplos de literatura escrita por médicos que incorporaron en sus textos la perspectiva de su disciplina. En España, son muy relevantes El árbol de la ciencia, de Pío Baroja (1872-1956), y Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos (1924-1964); pero si ampliamos el ámbito lingüístico y geográfico, nos encontraremos con Antón Chéjov (1860-1904), Arthur Conan Doyle (1859-1930), Somerset Maugham (1874-1965), Oliver Sacks (1933-2015) o Michael Crichton (1942-2008), entre muchos otros. Al contrario que la mayoría de ellos, Ramón y Cajal consagró su vida a la investigación científica: a practicarla al más alto nivel, en la vanguardia de los estudios sobre el sistema nervioso, y a fomentarla entre los estudiantes, a quienes interpelaba: “A la voluntad, más que a la inteligencia, se enderezan nuestros consejos; porque… creemos que toda obra grande, en arte como en ciencia, es el resultado de una gran pasión puesta al servicio de una gran idea”.

Y aquí surge la extrañeza. Nos preguntamos qué nos quiere decir un científico que, siendo abanderado del positivismo y abogado del papel de la voluntad y la pasión en la investigación, escribe un relato en el que un doctor soberbio, mediante el engaño, intenta someter las voluntades y la pasión de toda una ciudad.

Relato que incide en algunas ideas fundamentales del siglo XIX, “El fabricante de honradez” se sitúa entre las narraciones que, adscritas a la ciencia ficción, cuestionaron la moral de la ciencia y retrataron científicos atormentados, soberbios, locos, incluso malvados: Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley (1797-1851); Veinte mil leguas de viaje submarino, de Jules Verne (1828-1905); El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson (1850-1894); o La isla del doctor Moreau, de H.G. Wells (1866-1946).

Al exponer el experimento hipnótico-autoritario de Alejandro Mirahonda, Ramón y Cajal no sólo parodia la pseudociencia y las ideologías autoritarias finiseculares, sino que compone una distopía que parece anticipar los totalitarismos del siglo XX, que tienden a uniformar el pensamiento y las conductas según ideales que naturalizan y legitiman la desigualdad, en cuanto dominio o abuso de poder, y suprimen la voluntad, las libertades. (…) Las interpretaciones que este singular relato privilegia son múltiples: prueba del talento literario de Ramón y Cajal, que en la narrativa de ficción encontró el medio idóneo para una reflexión irónica, libre y abierta sobre las relaciones de la ciencia con la sociedad y la moral.

Antiguo billete de 50 pesetas dedicado a Ramón y Cajal. Fue emitido durante la II República, en 1935.

El artículo completo puede leerse en la Nueva Revista de Filología Hispánica, de El Colegio de México.
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